Una nueva capa, un nuevo comienzo: este Superman vuela alto.
Si algo dejó claro el nuevo Superman es que la esperanza puede tener capa… y superperro. Desde el primer segundo, la cinta tiene ese aire juguetón de aventura épica que huele a clásico instantáneo, pero con todo el descaro moderno de James Gunn. Sí, el tipo que nos hizo llorar por un mapache y enamorarnos de un árbol parlante, ahora toma al héroe más icónico del cómic y lo transforma en una carta de amor al idealismo, la acción y el color.
David Corenswet es un Clark Kent que no solo llena el traje (y qué bien lo hace), sino que irradia bondad, fuerza y ternura. Es el Superman que sonríe antes de salvarte, que duda como humano, pero actúa como dios. A su lado, Rachel Brosnahan como Lois Lane es la chispa, el cerebro, y esa energía que mantiene los pies del héroe en la Tierra. La química es real y te hace sonreír con cada escena compartida.
Y cuando aparece Nicholas Hoult como Lex Luthor… bueno, hay que decirlo: el tipo está loco. No es el Luthor de siempre, pero eso lo hace más interesante. Tiene ese aire de villano sarcástico que disfruta cada maldad como si estuviera saboreando un buen vino.
¿Y Krypto? ¡Por favor! El perro con capa se roba más de una escena. Es tierno, torpe y heroico, todo en uno. Gunn lo usa como un comodín cómico/emocional, y funciona. Cuando lo ves corriendo por una Fortaleza de la Soledad llena de robots mientras comes palomitas, sabes que estás en una película que abraza lo raro sin miedo.
La mano de Gunn se nota en cada plano. Hay acción por montones, explosiones, vuelos imposibles, criaturas salidas de un multiverso que parece una bolsa de dulces locos; y aún así… hay corazón. Hay momentos que te sacan una carcajada y otros que te hacen apretar el pecho. Incluso cuando el CGI se siente un poquito desbordado o el ritmo se pone tan acelerado que cuesta respirar, la película nunca pierde su centro: Superman como símbolo de bondad y esperanza.
Sí, hay subtramas que parecen rompecabezas cósmicos, pero en el fondo todo orbita alrededor de una misma idea: creer que lo bueno aún importa. Es ahí donde la cinta brilla, como cuando alguien en la sala dice: “Esto se siente como ver Spider-Man de Raimi por primera vez”… y no está tan lejos.
No todo es perfecto. Algunos chistes no aterrizan, ciertos villanos secundarios aparecen y desaparecen como si estuvieran de paso, y hay tanto caos visual que en ocasiones uno extraña respirar. Pero esos tropiezos se perdonan fácilmente cuando una película te deja con los ojos brillando y el corazón un poco más liviano.
Superman (2025) no solo inicia una nueva etapa para el universo DC. Lo hace con alma, con valentía y con ganas de hacernos volver a soñar. Tal vez no sea la película definitiva del Hombre de Acero, pero sí es la que muchos necesitábamos para volver a mirar al cielo y sonreír.
Y sí… Saldrás de la sala con ganas de adoptar un perro y de volver a creer en los héroes.
